lunes 23 de noviembre de 2009

Amores de Tedio de Gustavo Gómez

Fragmento de
Amores de tedio


Riesgos de picar el ojo

Conquistar requiere de mucho esfuerzo, de sacrificios, de inversión. Colón lo sabe y mi vecina también. Esta mañana he vuelto a encontrármela, esta vez con la mirada, porque vivo en el cuarto piso y ella va del primero hacia el supermercado de la esquina. Es sólo una visión de un posible amor que ya va dando sus frutos. Lo digo porque todavía no ha dado ninguno. El otro día me preparé para abordarla en el momento en que viniera de su trabajo; tenía la hora conquistada, sólo la hora. De mucho ir y venir descubrí que llegaba a las ocho. Así que me paré en el súper de la esquina, presto a abordarla, pues no tenía idea de cómo se llamaba. Debo aclarar que mi vecina llevaba poco tiempo en haberse mudado al barrio, de modo que las pistas sobre su persona eran mínimas, no así las de su figura, que sí eran máximas. Debió ser por eso que me paré en la esquina a pensar en cómo iba a abordarla. ¿Qué pretexto iba a inventarme sin parecer cursi? Porque como ustedes saben, ser cursi es lo más fácil que hay. Y sino díganme, qué es eso de decirle a una mujer que va por la calle: “Preciosa, la acompaño”. Y ella se queda mirándote con sus pestañas encrespadas y la punta del tacón lista: “Y a usted quién le dijo que necesitaba compañía, ¡estúpido!”. Y claro, van a decirme que no era para tanto lo del estúpido, pero cuando el estúpido es uno, ya sabrán. También hay mujeres que no te aplanchan de una vez. Cuando tú le dices: “Oiga, preciosura, qué ojos tan bellos”. Esta vez te responde: “¿Bellos? ¿Y cómo lo sabe si llevo lentes de contacto?”. Entonces sientes que han vuelto a decirte estúpido.
Y sino vean, ya me desvié del tema. Ustedes saben, ¿cierto? El tema, el asunto de mi vecina. Veo que ustedes no son como yo cuando de conquistar se trata. Lo que ocurre es que a veces soy orgullosamente tímido. Sí, aunque no me crean. Soy un tímido convencido.
Verán. Un día iba en el metro al centro de la ciudad en busca de un detalle para mi vecina; un farol de mesa, un arreglo con flores resecas, o una versión ilustrada de la Metamorfosis de Kafka. Miraba despreocupadamente el paisaje que circulaba ante mis ojos, cosa difícil si se tiene en cuenta que para ver el paisaje a tan alta velocidad se necesita tener un ojo fotográfico; lo de fotográfico se refiere a obturar el párpado, cerrar el ojo en un instante, picarlo como dicen otros, o matar el ojo. Yo tengo esa costumbre—no la de matar el ojo—, de ver el paisaje en esa fracción de segundo que permite la velocidad de un metro en marcha. De modo que obturo el ojo para dejar esa imagen instantánea en mi mente; de un árbol, de un peatón que está parado en la acera, pero cuando obturo el ojo, me convierto en conquistador sin darme cuenta. Porque cuando quería cerrar el párpado para ejercitarme en sentirme cámara digital, resulta que capturo el rostro de la mujer que va sentada justo en la silla del frente, bajo la ventana del metro por la que yo quería capturar la imagen del peatón, y al bajar el párpado, en ese instante infinitesimal, la mujer que está mirando ve mí ojo cerrado. Me sonríe y yo me quedo mirándola, ahora sí, haciendo un gran esfuerzo para que el párpado no se me caiga de nuevo, como atontado, queriendo decirle que no era a ella a quien yo le había picado el ojo, pero en esas vuelve a sonreírme. El metro para en la estación siguiente. Yo no tenía que bajarme aún, y ella tampoco. Veo que va cargada de paquetes, aunque esa no es la expresión correcta, pues ella no iba cargando los paquetes, estaban junto a sus pies. Sus pies. ¡Qué pies! Pies de águila imperial…por las uñas. En fin que ella no iba cargada de paquetes. El tren continuó la marcha y yo debería bajarme en la próxima estación. No quise seguir ejercitando aquello de capturar imágenes a través de la ventana. Bueno, pero iba en que llegando a la estación, me preparé para bajarme, porque a veces uno tiende a dormirse, que no es mi caso, y es sacudido por la señora que asea los vagones en la estación terminal. El metro se detiene, veo que la mujer debe recoger sus paquetes, uno, dos, falta el tercero; ella tiene sólo dos manos, y me mira. Ya me verán ustedes cargando el tercer paquete, ayudándole con el segundo; yo también tengo dos manos como pueden imaginar, bajamos a la estación, y ella me dice, “Gracias, es usted muy amable”. No sé qué responder, ya les dije, soy un tímido orgulloso. Pero como los paquetes son pesados para la dama, le pregunto: ¿Tiene que ir muy lejos? Las mujeres que desde antes nos han adivinado el pensamiento, me dice: “En verdad no, sólo a dos cuadras de aquí. No sabe cuánto le agradezco. Normalmente es mi hijo de trece años quien viene a hacer las compras conmigo, pero hoy le ha tocado ir a sus clases de karate”. Dicho esto ya habíamos caminado una cuadra. Luego la otra, nos detenemos frente a la puerta de su casa. Descarga el paquete en la acera y saca las llaves. Lo correcto es uno acomodarle los paquetes a una dama en el umbral de la puerta y despedirse con amabilidad. Le acomodo el paquete uno, luego el dos y me dice: “Me da pena con usted. Me llamo Rosaura, ¿le gustaría tomarse un café?, de algún modo tengo que agradecerle”. Entrados los paquetes hasta el umbral, no es de mal gusto adentrarlos hasta la cocina. Sentado en la sala, escucho el vapor de la cafetera y el olor inconfundible, tras el cual aparece ella con un pocillo marcado café de Colombia: “No me ha dicho como se llama”. Tedio Bautista, digo sorbiendo el amarguito. “¿Está bueno?”, pregunta. Delicioso, delicioso. “¿Ya me había visto?” pregunta, y pienso en que lo mejor es no mentir, decirle que lo de la matada de ojo tenía que ver con un ejercicio mío que hago para capturar imágenes en fracciones de segundo, pero creo que ella no iba a entenderlo… “Porque yo también lo había visto desde que se montó al metro. Me gusta su nombre. Le sienta muy bien con la mirada”. Me di cuenta a qué se refería, porque en eso las mujeres son sutiles, ella no dijo: “me ha guiñado usted el ojo”.
“Si tiene prisa, no se preocupe, mi marido está de viaje, maneja una tracto mula”. Absurdo. No le digo eso a ella. Es absurdo que si tengo prisa, ¿qué tiene que ver que su marido esté de viaje? Claro, soy estúpido, pero no crean. Entendí el mensaje. Ella me recibe el pocillo, va a la cocina, abre el grifo del agua, y escucho el ruido del chorro, y su voz.
“Tedio, puede venir un momento, parece que se ha dañado la canilla, no cierra”. Voy hacia la cocina y efectivamente, el chorro no paraba, bote agua y bote agua. Trato de cerrarla y nada. Debe ser el empaque que se ha desgastado. “Si usted lo dice. Una como no sabe de esas cosas. Qué pena con usted”. Le pregunto que dónde está la llave que suministra el agua de la cocina, y me dice que bajo las gavetas. Abro y seguidamente cierro la llave. ¿Tiene herramientas?, pregunto. “Pues sí, mi marido tiene una caja”. Ella va hacia el cuarto de los rebujos, trae la caja, saco el hombre solo, empiezo a aflojar el grifo hasta que lo desenrosco. “Sí, es el empaque”. Busco en la caja de herramientas y por suerte veo otro empaque. Lo sustituyo, retomo el hombre solo, aprieto con fuerza, ella se ha quedado mirando todas mis maniobras, diciéndome. “No sabe cuanto le agradezco, no sabe cuanto le agradezco”.
Cuando estoy terminando de ajustar bien la rosca del grifo, un calorcito invade la mejilla derecha, una gota de sudor baja de mi frente y un sonido como de mua, suavecito. Me quedo suspenso con el hombre solo apretado en mi mano. Percibo también el olor de su cabello, giro el rostro hacia ella y encuentro sus ojos frente a los míos —no puedo, no debo parpadear en ese momento—, pero sin darme cuenta estoy mirando sus labios, los culpables de ese mua suavecito, acerco los míos a los de ella, el grifo ya está bueno, probamos si abre y cierra, abre y cierra, el agua fluye, se detiene, la herramienta está buena, el hombre solo funciona perfectamente, Doña Rosaura. ¡Qué pena con usted ponerlo en éstas maniobras!
Hecha la diligencia regresé en el metro. Porque, bueno, creo que me he desviado del tema: mi vecina. Espero que hoy sí pueda encontrar un buen pretexto para abordarla y que no sea cursi. Quizá me ponga ejercitar aquello de capturar imágenes en mi mente, y cuando la vea venir, camino hacia ella, como si nada, y justo cuando nos crucemos, yo dirija mi mirada hacia alguien o algo que esté un poco más arriba, o a un lado de su cara, deje caer el párpado, y tal vez capture alguna imagen que pueda quedar para siempre en mi recuerdo.




Gustavo Gómez



Sobre
“Amores de Tedio”
Víctor Bustamante


De un lado la frivolidad, y de otro el miedo. Así dos personajes que buscan una definición. Dothy mujer separada y con hija a bordo, Juliana. Ella aspira a ser una diseñadora de modas. Tedio Bautista nada menos que un traductor, nada menos que un hombre con el tiempo a su favor, libre, para ser él mismo y dedicarse nada menos que a un oficio siglo XXI, no sólo sus asuntos personales sino su oficio de más relevancia; ser el perseguidor de Dothy, a quien la mira en la calle, la saluda, la espía con cierto arrojo, la inventa convirtiéndola en una obsesión.
Desde ese punto de vista, una definición del amor de una pareja con sus historias simultaneas que arrastran cada uno. Tedio, que en su tedio, es un playboy algo desequilibrado y Dothy, la inigualable, que nunca quiere nada pero lo quiere todo.
Gustavo Gómez, en “Amores de Tedio”, (2009) escribe dos monólogos simultáneos: el pensamiento de él arrastrado por el deseo. El pensamiento de ella arrastrado por lo cotidiano. Donde es notorio el deseo de agrandar de Tedio y el de ella, simplemente que pasa impávida por los eventos del perseguidor.
Pero también nadie más solitario que cada dos persona ante del gran suceso del amor. No en vano Tedio sin tedio compra un mítico espejo que perteneció a Marilyn Monroe y la frívola y bella Dothy, su espejo “Angelito” para soñar con Brad Pit
Aquí el espejo es el sinónimo de la soledad más absoluta. Ambos coinciden en la misma tienda de antigüedades para comprar algo que es compañía, su misma imagen que los relativiza con su presencia. Pero el espejo es también aquel objeto donde se encuentran y se mira toda una sociedad, la de la moda. Ese gremio sin espejo no existiría, el espejo socializa la voluptuosidad. Pero también enseña la otra imagen más allá de la vida cotidiana: la sorpresa de ver al otro allá, en su mundo plateado.
Esa vida cotidiana la refleja Gustavo Gómez, en un sugerente contrapunto, lo que piensa Tedio y lo que piensa Dothy. Así sabemos como una misma imagen, un mismo encuentro, una misma ocasión se interpreta de manera diferente por dos personas, una pareja, nunca inigualable ni casual, a pesar de vivir cerca. .
Tedio Bautista es un típico personaje kafkiano que al regalar a la que nunca lo leerá “La metamorfosis”, se define como alguien que piensa, se imagina el mundo alrededor para decirnos que todo es lo que él supone, no lo que ven los otros. Desde esa perspectiva Tedio imagina a su dama, y al imaginarla la hace suya, es el amor de un solo lado lo que lo obliga a buscarla, tropezarla en varios lugares, a desearla y a seguirla imaginando. De tal manera Tedio se convierte en una suerte e Pygmalión, tímido y temido, que elabora el diario de ruta de su Galatea ocasional: la superficial Dothy que daría su vida por la alta costura.
En esta sociedad del espectáculo que describe Gustavo Gómez, nada más obvio para celebrar el Día de la Mujer que asistir al stripteaseadero, Una flor para mascar, para un show donde aparecen hombres estólidos y mujeres marcados por el signo pesos como estampa y símbolo del sexo en apariencia liberador. La putería admitida ya como un signo de triunfo y el sexo admitido como un vano juego nocturno. Alejandro busca a Dothy que parece no enterarse de nada y el amigo de Tedio, Nicolai, que busca y disfruta de sus dos Lolitas y se entera de todo.
Gustavo narra el nuevo Medellín de las modelos, de los desfiles, de las pasarelas, de los lugares de streptease, sin ningún alarde de cuestionarlos pero sí de reflejar ese mundo que sí está lleno no sólo de tedio sino de un vacío que nunca sería exisistencial sino un vacío de la nada por la nada. Pero Gustavo también narra el destino final de dos personas que tendrían que encontrarse y reflejarse, pero no morir de amor, en el espejo de la Monroe.

“Amores de Tedio” de Gustavo Gómez. (2009)

domingo 15 de noviembre de 2009

Poemas de Catalina Garcés


Poemas
de
Catalina Garcés


INTRODUCCIÓN A MÚSICA SUEÑA

La percepción del mundo del buen escucha se amplía en igual proporción a la del buen lector, a veces sentimos que perdemos el tiempo si nos quedamos tardes enteras sumergidos en las notas, pero no lo sentimos cuando invertimos un día terminando de leer una novela, o una serie de cuentos, o un ensayo: leer como escuchar música es un ejercicio intelectual, como lo es el ver buen cine o simplemente sumergirse en un acto puro de contemplación. Escuchamos música como animación de fondo para cualquier actividad, escuchamos música para amenizar un encuentro familiar o de amigos; elegimos un bar según el repertorio musical que tenga, pero, ¿cuántas veces podemos ejercer este acto en forma exclusiva?, decir por ejemplo “hoy dedicaré esta tarde a escuchar melodías de los compositores de la escuela dodecafónica, o, voy a escuchar Tindersticks, o Hauschka, o The library tapes, o los japoneses minimalistas”; yo misma, mientras escribo tengo música de fondo, pero tengo también la capacidad de sumergirme solo en ella, sin pensar en nada más, corro el peligro, eso sí, de que lleguen imágenes que luego se transformarán en poesía.
Eso es Música sueña.



No puedo hacer nada más,
el tiempo se escapa en los reclamos que hacen mis manos
y las letras,
cada hoja en blanco,
virtual o real,
cada línea en la página celeste
–desde mi ángulo de visión:
aquella que se forma cuando alzo la mirada,
combinación de cielo y cables de energía.




BOGOTÁ

En esta cama: el mar
sábanas que son agua,
pliegues y dobleces de olas
mi cuerpo se suelta y se hunde
se diluye
espera…
pero el mar se derrama
con furia por este cuarto cansado.




XX

Debe existir una manera.
Debe haber una manera,
tiene que, de alguna forma
que me quite
esta soledad
del ruido que pasa De las hojas
que crecen y caen y se hablan
en el suelo
y que yo
interrumpo
mientras camino sobre ellas
y llevo la música pegada a mis oídos
y llevo la forma en la memoria
en cada célula que piensa y siente.




Diciembre 30

Como estas ramas de laurel
movidas suavemente por el viento:
te toca a ti-hoja
me toca a mí-piel
­…… -escribo en tu cuerpo
Édith Piaf canta en su tiempo
Yo: cigarrillo en mano
Yo: al borde
Gatos de sueño.

El árbol se agita y el humo llega a mis pulmones.




La cuerda tensa
en mis dedos que sufren la letra,

afirmo:
“lo que queda de la escritura es el lugar”

respondo:
“mi lugar está unos minutos tarde siempre
o unos años
es una idea no concreta
es una idea del mundo de las que no lo son,
soy la idea misma sin lugar
el camino siempre...
soy un poco de música
que se transforma en TODO
mientras me pienso”

Pero el diálogo es un sueño
y los dedos ya no sienten
el corazón no se aquieta
el cuerpo tiembla
la cuerda se extiende por mi boca
y sigo sola
Inmóvil


Quiero hacer música
quiero que este alfabeto organizado se transforme en notas
y que escuches la canción de fondo cuando me leas.

Yo misma quiero ser música:
el Aire de Bach,
las Imágenes de Debussy.

Quiero que tú lo seas
como una Noche transfigurada.




V

Eran unas mujeres gordas, enormes que se bañaban en lo que antes era una piscina, el agua se veía vieja pero aún así ellas se zambullían y disfrutaban mientras sus cuerpos se desfiguraban bajo la piel líquida… yo solo podía verlas y tal vez envidiar su desenfado.




Hueles a hermano,
al abrazo en la mañana,
tienes el sabor de la tierra que movía cuando era niña
para hacer casas a las hormigas,
casas llenas de azúcar y miel que tanto las atraía,
eres la imagen:
o más bien la frase misma que nombraste y que ahora existe en mi casa:
“devuélveme un recuerdo”.

Ahora lo tengo:
el patio trasero con el brevo y las mariposas en época de cosecha,
los pájaros azules y verdes y de pecho rojo
que cantaban en mis primeras mañanas,
la sensación buscada en el cuerpo adolescente,
los besos repetidos en sueños, el asombro constante de los años vividos
y las sensaciones nuevas que aún llegan a mí.
La música que baja de la red mientras te escribo, y esta llamada.



Canción para mi muerte

Reconstruyo en la memoria un verso,
un poema,
escrito a los dieciséis o
tal vez a los diecisiete,
cuando mi cuerpo conoció otro cuerpo por primera vez
cuando caminaba entre vidrios rotos.

El amor era dolor
era apego.

Creía que siempre así sería:
una energía desmedida y un afán de ser invadida de nuevo.
Pero no era el rostro ni era el cuerpo:
era la certeza de la cercanía
del calor
del olor.
Era la emoción de esconderse en el baño del patio trasero
mientras mi madre atendía la visita
y nosotros fingíamos ir al jardín,
no hacíamos ruido…

te desbordabas…

¡Tanto placer para tan poco tiempo!

jueves 29 de octubre de 2009

Literatura y Necrofilia. (1)


Literatura y Necrofilia

Parte 1

Víctor Bustamante

para el ánima sola

No hay desalojo más grande para el devenir de la cultura de una ciudad que lo que actualmente realizan Comfama y el Metro. En apariencia parece que promovieran la presencia de escritores antioqueños, pero no, en realidad lo que hacen es volver a lo mismo: a los escritores que desde años nos señalan, desde la eternidad de papel, como si Medellín y el departamento vivieran una cultura de homenajes a muertos sublimes, como concepto primordial de especialistas en centenarios o bicentenarios. Lo cierto es que así no se construye un proyecto literario, pero si se desaloja a los escritores actuales, a aquellos que nos ha tocado vivir el Proceso Medellín: lejos del canto a la cultura de sicarios y, nada menos, que a la subcultura de tercera categoría que es la de publicar y fusilar autores conocidos, muy conocidos, y que ahora de nuevo nos hacen conocer aquellos que piensan que la escritura es un eterno empezar. Pero de otro lado lo que se oculta es una doble significación: la exclusión a reconocer al otro, al escritor o poeta contemporáneo. Es fácil ubicar a escritores muertos, los mismos que padecemos hace tanto tiempo. En este caso, sus promotores, no se atreven a buscar, al menos, escritores distintos que hayan salido de esa cultura ultramontana, con un halo de riesgo, y que hayan abierto un camino diferente.
Sólo al leer estos autores, los que identifican a Antioquia: otra vez el gran Carrasquilla, otra vez su epígono Pacho Rendón, el sobrevalorado Efe Gómez, Sofía Ospina de Navarro, Epifanio Mejía, Gregorio Gutiérrez González y un largo etcétera lleno de afrecho, desesperanza, barbas de maíz, con desfile de silleteros a bordo: síntesis de un alevoso pasado que oculta algo, es como si el tiempo se hubiera detenido y viviéramos empecinados en mirar folios y folios de textos que ya no nos expresan, pero que a los malos lectores de estas instituciones les parece la mayor novedad del mundo, perdón debería haber dicho de su provincianismo, y viviéramos en una región donde no ocurre nada, como si no existieran escritores en proceso con una obra.
El Metro y Comfama se ufanan de haber publicado 126.000 ejemplares de esos libros de bolsillo con los mismos escritores que aplazan el presente en Medellín, y en Antioquia, como una contradicción en el departamento más dinámico del país en todos sus aspectos, social y económico, pero nunca en la literatura: desde ese concepto que la concibe como si fuera un cementerio y cada libro una lapida que colocaran a la luz pública para negar a los escritores contemporáneos.
Y es cierta esa negación, pura intolerancia, vicio consuetudinario, desde hace mucho tiempo, ya que quienes realizan estas antologías prefieren dialogar con el pasado, para ocultar y darle una zancadilla a los escritores presentes. Todo esto relacionado con una broma borgiana, acerca de que el mejor antólogo es el tiempo. Mentira, el mejor antólogo son los lectores actuales.
Hasta donde sabemos en el Metro nunca viajan cadáveres ni Comfama es subsidiada con presupuestos para favorecer muertos, pero en cuestión de literatura parece que estuvieran enredados en cantarle a los poetas de las églogas del pasado que persisten como una rémora y a la eterna y despreciable celebración de los muertos, sólo por ocultar el proceso vital de las escrituras presentes.
Irrespeto y desprecio es la bofetada que le dan a los escritores de la ciudad cuando el 28 de octubre le realizaron otro homenaje a Poe, el 30 otro a Lowri con disfraz a bordo. No es que neguemos a nuestros maestros, sino que también esperamos que se la realicen a escritores vivos, no a los únicos tres que son representativos para Comfama y el Metro.
Una literatura late y está presente en sus escritores que expresan la ciudad y nos dan su actitud frente a ella. Lo demás es un refugio, una falsa alegoría al pasado. Los escritores muertos se buscan en las bibliotecas y en las antologías. Los escritores vivos se miran de frente, se critican, se debaten, y se reconocen. A estas entidades y a sus antologistas les falta riesgo personal, actitud y ser respetuosos con sus contemporáneos.
La literatura no es un fraude que se le hace al presente, n eterno funeral, la literatura es lo vital, lo que nos define, no los continuos aplazamientos con homenajes a escritores muertos, ellos ya están reconocidos. Esta persistencia actual es la cultura de un incesante mutuo auxilio y de cementerio. Los lectores de estos pequeños libros pensaran que en Medellín nadie escribe porque continúan leyendo el paisaje mustio de hace muchos veranos.
Miremos las novedades que muestran el atraso cultural y el desprecio de el Metro y Comfama a la literatura antioqueña: Carrasquilla, León de Greiff, Efe Gómez, Porfirio Barba-Jacob, Fernando González, Jesús Botero Restrepo, Piedad Bonnett, Sofía Ospina de Navarro, Francisco de Paula Rendón, Estanislao Zuleta, Jaime Jaramillo Escobar, Marco Fidel Suárez, Rocío Vélez de Piedrahita, Mario Escobar Velásquez, Luis Tejada, Víctor Gaviria, Manuel Mejía Vallejo, Joaquín Antonio Uribe, María Eastman y Amalia Lú Posso.
Antología de poemas de Epifanio Mejía; El coloquio de los perros, de Miguel de Cervantes Saavedra; Antología de poemas de José Asunción Silva; Antología de cuentos infantiles de los grandes maestros de la literatura universal; Antología de cuentos de suspenso y terror de los grandes maestros de la literatura universal; Antología de ensayos de Baldomero Sanín Cano, y Ensayo científico sobre la vida y la obra de Julio Garavito.
No, pues, qué descubrimiento, qué novedad de novedades, signo de que en la publicación, Palabras rodantes, consideran la literatura algo fosilizado. Cuando me entregaron los últimos libros de esta colección, se me cayeron de las manos. Ya los había leído con sus raicillas terrígenas y risibles, con su alegoría a la Antioquia del hacha y con los jorgerobledismos que le encantan a muchos ejecutivos de la cultura. Mejor, me dispuse a leer unos poemas de Darío Ruiz, de Omar Castillo, de Jairo Guzmán, una crónica de Juan José Hoyos, un poema de Jota Arturo Sánchez, otros poemas de Raúl Henao y de León Gil, una novela de Fernando Vallejo, la novela sobre Spinoza de Memo Ángel, un texto de Reinaldo Spitaleta, un cuento memorable de Jaime Espinel, una provocación de Gajaka, un poema de Pedro Arturo Estrada, la reciente novela de Gustavo Gómez o un poema de Mario Ángel.
Publicar muertos es muy fácil, basta saquear textos, no pagar derechos de autor, no reconocer el presente. Lo trascendental es mirar alrededor a los creadores contemporáneos y nuestro deber es leerlos.
El Metro se precia de ser el transponte más moderno del país, accionado con electricidad y sin contaminar. Comfama posee uno de los edificios más modernos del centro, y es una caja de compensación líder en su campo, pero en la mentalidad de los directores, de ambas instituciones, abunda la soberbia empresarial, la necrofilia e irrespeto a nuestros escritores.

jueves 22 de octubre de 2009

Gardeazábal, Confesión de parte



Gardeazábal,
Confesión de parte

Jairo Osorio Gómez

Víctor Bustamante

Es extraño el caso de Gustavo Álvarez Gardeazábal, después de escribir un libro memorable, “Cóndores no entierran los días”, y la saga que lo antecedió, no fue capaz de controlar su talento y cayó en el desdén de escribir un libro como “Pepe Botellas”. Luego, se embarcó en los terrenos sinuosos de la política. Inicialmente tuvo éxito al ser alcalde de Tulúa y gobernador del Valle, pero olvidó esa consigna silenciosa y secreta de quienes no asesinan sino que buscan argucias jurídicas para causarle la desgracia que le causaron a él. Total, fue a la cárcel por el enredo en la venta de un cuadro, porque cuando el aparato político-jurídico quiere condenar no vale ninguna prueba. Y cuando se quiere condenar vale esa misma prueba como una fatal manera de ser de los colombianos. Así, el proceso 8000 arrastró a quien no tenía nada que ver a esos predios mientras quienes si estaban implicados aun gozan de cabal salud jurídica: están libres.
Lo cierto del caso es que desde muchas universidades, desde clubes de lectura como son los talleres literarios: total, el mundo intelectual colombiano nunca fue capaz de darle una mano de apoyo, una voz de aliento a uno de sus mayores escritores. Por lo tanto este libro es una forma de resarcir esa presencia de Gustavo Álvarez Gardeazábal a quien se le debe un sentido desagravio por ese silencio cómplice entre el miedo y la envidia
El último libro que había leído de Gustavo Álvarez Gardeazábal, fue “Pepe Botellas” donde evidencia ese juego maquiavélico de la política obcecado sobre José Pardo Llada, aquel cubano que llegó a Cali y consiguió lo que no logran muchos colombianos: ser embajador de un país extraño pero que con demagogia radial se logra.
Ahora Jairo Osorio Gómez le ha realizado una extensa entrevista en “Gardeazábal, Confesión de parte”, (ITM-2007), donde el escritor se muestra de cuerpo entero con sus opiniones contundentes, y polémico como debe ser todo escritor. Aquí leemos varias facetas de Álvarez Gardeazábal: sus inicios literarios, sus triunfos y polémicas, su amor por Tulúa, su decepción por la literatura así como el eterno amor hacia los curas y su persístete dilema con todo lo que sea García Márquez, aquel con quien se encontró una vez borracho en un ascensor.
Además entendemos un poco el otro camino que ha escogido al convertirse en periodista radial, en aquel programa de chascarrillos y chismes sobra la farándula política del país, La Luciérnaga, donde, según se sabe, a lo largo y ancho del país, se mantiene bien dateado. Y como que a su finca van de visita una serie de personajes de importancia. alcurnia y rango, que parece lo consultan como si fuera una suerte de oráculo detenido en Tulúa. También es proverbial la cantidad de correos y chismes, y consultas que le dictan desde diversos puntos cardinales de Colombia a quien se ha preciado como radical en sus conceptos.
Esa metamorfosis de Gustavo Álvarez es paradójica, cuando logra ser un escritor de importancia se desliza hacia el periodismo escrito, luego se interna en los meandros de la política, infierno donde se saldan viejas y cuentas y ahí fue su condena: como lobos desde diversos lados le cobraron toda la crítica que hizo, cerrándole la vía a su brillante carrera. Luego de un largo silencio, y años de cárcel, ingresa al periodismo radial, lugar en el que parece disfrutar de mayor popularidad con las escaramuzas del raiting que lo mantienen vigente..
Pero lo que se advierte en este delicioso libro es su displicencia hacia la escritura el desencanto, la abulia y la desconfianza hacia lo que escribe y se escribe, con su último libro, donde parece que su espíritu creativo se encontrara liquidado. No voy a decir que se quedó sin tema o que está en decadencia sino que, al contrario de muchos escritores, que al concentrarse en su obra siguieron siendo maestros a edades mayores, Borges y Saramago, para citar algunos, Álvarez Gardeazábal se dejó tentar por el poder, aquel que después le dio la espalda, y también abandonó la literatura, esa labor ardua para crear una obra. O a lo mejor ha ocurrido que ya había escrito todo lo que tenia que decir, hasta su magistral novela sobre la Violencia, y decidió el silencio.
En este libro Gustavo Álvarez Gardeazábal responde una diversa cantidad de preguntas ante un largo silencio, y es como si estuviéramos escuchando esta conversación donde el narrador, pasa por las diversas facetas de su vida, y se desnuda para darnos su estatura moral y su carácter polémico.
También es cierto que lo escuchamos todas las tardes en La luciérnaga frente a personajes que polemizan hasta cierto punto, trovadores de medio pelo e imitadores de voces, que, como nunca lo han leído, no saben la estatura intelectual de quien tienen al frente.
.

lunes 12 de octubre de 2009

Gajaka cumple 60 años


Gajaka cumple 60 años

Víctor Bustamante

Gajaka es un anarquista verdadero. Ha pasado su vida como un monje tibetano con cachucha de beisbolista y gafas de aro dorado, dorándose a la luz lunar de las calles y de los recitales de poesía donde llega con la frescura y la persistencia de ser el poeta que aparece así no más, inesperado. O sumido en la lectura para salir a desconfiar de la razón, lejos de aquellos poetas que amanecen con la tristeza y con la muerte que es el combate de la lucha por la existencia. Ay amado mío, puedes vivir sin el embotellamiento interior sería capaz de decirnos.
En Gajaka está la alegría, la irreverencia y el humor que es el amor de acercarnos a la literatura, su poesía, desde otra mirada. La desfachatez de ser él, de no pertenecer a ninguna de las escuelas poéticas del palacio en llamas de la llamada poesía. Me refiero a esa ciudad espejo, dual, Medellín-Nueva York, donde él transita con la facilidad de saber en qué mundo se inscribe y de qué manera.
Pero hablo de acá, de este lado del espejo, donde él se mira para irse, para pasar el cristal y de pronto estar en Queens o en Umbrella House, allá junto a la ribera del Hudson donde suele caminar así como camina por Junín. O sea, que la ciudad dual es una larga calle que pasa el poeta, que traspasa el poeta, que pasa no de largo sino con conocimiento de efecto. Aunque de allá no puedo hablar, no conozco sus sandeces, sus saudades, ni la sed de sus lugares. Por eso no hablo de Nueva York, por eso me refiero a Medellín donde el poeta establece sus códigos y administra sus palabras.
Gajaka ha sido, es un poeta, fuera de lo normal, al otro extremo de la serie. Su poesía es la amplitud de la vida que es el humor, la risa perenne. El referente poderoso de su escritura está teñido nada menos que del vértigo de su irreverencia. Gajaka traspasa las edades y las sedes, con su alter ego, Jaime, que, en cada poema, le hace una requisitoria, le exige, le llama la atención, lo abofetea para que no se duerma y le habla del transito de su poesía a través de las edades y de los mundos como si nos dijera, soy milenario a toda hora del día y soy escéptico a toda hora de la mañana, porque en la tarde nos entrega su risa y su humor.
Gajaka ama el portal espagnol de lo gótico y los heraldos encarnados de Juana la Loca. Gajaka mirando las edades, auscultando los años, Gajaka aquí y allá como un Buda riente vestido con la túnica verde-terciopelo escala el erial de los años, en pos de su escritura. Gajaka aquí y en todo lugar, en la penumbra de la tarde, cuando va donde el señor sin hamacas, pero siempre Gajaka transparente con su forma de ser, con sus palabras, con su escritura que nos agarra del cogote porque él no le guarda lugar a la melancolía sino a su alegría que trae en su mochila.
Ahora Gajaka nos entrega sobre la mesa su libro, “La risa de Demóstenes rara II”, donde vemos a Demóstenes pendiente de la espada que le va caer no en la cabeza, sino en el cuello, donde es mas peligrosa. Siempre alguien imaginó la guillotina antes de que la afilara el doctor Joseph Ignace Guillotin. Pero no, Gajakananda está siempre a la intemperie porque es alguien, una persona, un poeta fresco, hábil, con la palabras, interprete de de sus escrituras. Y al leerlo vemos que no hay ninguna falsedad, sino el corazón profano de Gajaka que nos devuelve su ternura mientras ronda por ahí ese alter ego que le prohíbe estar triste, que le prohíbe estar atento a la muerte
Para Gajaka la poesía es el visitante duradero que permanece en los siglos, por eso invoca al minotauro bebiendo una espumosa Budweiser y a Borges, por eso está pendiente de Modigliani que es nada menos que la escritura que el soñó ser y que ellos le enardecieron. Gajaka tiene algo de Pier Paolo, de don Francisco de Quevedo y Villegas y eso lo invoca en cada párrafo o en sus poemas.
Gajaka no es un bufón que befa a los demás sino que se ríe de sí mismo cuando Jaime se mantiene atento con su doble circunspecto a ser pensado por ser filosofo de sí mismo, bogavante de sus sueños, y un palabrerista que nos devuelve en su epifanía las palabras.
Para rescatarlo esta tarde hemos leído a Gajaka en compañía de Jaime que lo llama y le grita, le asevera y lo denota, Jaime desdoblado en otro plano posible aquí en una esquina del siglo IV, en el siglo neobarroco o en las circunspección de su pensamiento mientras el otro yo persiste en descubrirse a sí mismo y en descascararse frente a nosotros, sin enemistarnos con la faramalla de sus palabras que de una reconvienen para decirnos de una vez. Gajaka a vuelto a publicar. Y aquí estoy en mi espacio como un monarca de mi poesía de ese humor que el samovar destila para saciarnos de su reverencia que nos trastoca y nos acontece de que es la parte riente y mordiente de esa poesía ácida que se refugia en la caverna de su desgarradura.
Gajaka nos retrotrae con un idioma nuevo, unas palabras, sus palpebras, que adquieren otro significado y, detrás de esa máscara de su seudónimo, está a lo mejor Jaime gritándole en su cerebro, en las millones de neuróticas, que nos enseña, hay poeta para mucho rato.
Ahora saludamos ese bello texto que lentamente fue escribiendo, que conocimos sus ligaduras, sus proezas, en algunos recitales, en algunos comentarios, “La risa de Demóstenes rara II” donde está Gajaka de cuerpo presente dispuesto a criticar a todo y al otro, es decir, a sus escritores amados y des-amados. Gajaka hijo unigénito de Jaime y al mismo tiempo padre de Jaime. Gajaka desdoblado en Jaime que lo reconviene. Y es que nos damos cuenta de que su poesía nos toca y nos da una bofetada, despierten niños que llegué yo, porque ha llegado desde todas las edades con la reconvención de la palabra a lo prístino, lo neo barroco que es nuestra cercanía el convencimiento de que es él y su poesía y sus palabras en cuerpo presente.
Gajaka desde enero, llámese January, janvier, januar, o gennaio, pasando las edades, venciendo el tiempo, presto, llega a los 60, y viste la piel de un tigre de Blake y se ríe desde su bastión mientras escucha que alguien dice: Jaimeeeeee y la rubia Marilyn en el mar de sus sueños lo llama: hello, baby
.Salud



miércoles 7 de octubre de 2009

Solidaridad con Polanski


Solidaridad con Polanski
Víctor Bustamante

No sé si Polanski habría leído Lolita de Nabokov donde se afirma que una ninfa de 13 años de edad es ya una mujer con demasiada experiencia y, a lo mejor, él quiso comprobar esa certeza de la gran novela. Claro que las noticias decían, dicen, que con el pretexto de unas fotografías para modelaje llevó a una lolita, común y corriente, bebieron champaña, la dopó con Qualaude y se aprovechó de ella. Otros cables afirman que la ninfa de trece años ya poseía demasiada experiencia y, como siempre, en el caso de una personalidad, cayó en una telaraña de besos y de los medios que necesitan del escándalo. Polanski, agraviado por los mismos medios. y, después, de un acuerdo con la justicia de California, decidió huir de Hollywood-Babilonia. No quería verse como un chivo expiatorio, donde la justicia se podría aplicar para prevenir a los demás.
En este lapso de tiempo el talentoso Polanski dirigió entre otras películas, “El inquilino”, “Luna de hiel”, “La novena puerta”, “El Pianista”. También, en el 78, en Usa se produjo “Pretty Baby” de Luis Malle con el aroma sexual alrededor de Brooke Shields de doce años, encarnando a una niña prostituta. Lo cierto es que el cine es el bastión más poderoso que hace cambiar las costumbres se salió con las suyas. Nunca tuvimos noticia de censura sobre esta película que bajaba la edad del erotismo al cuerpo vedado de una niña, Coincidencialmente, en estos días, una fotografía de Brooke Shields, a los diez años, fue retirada de la Tate Gallery donde ella posó desnuda. Ahí vemos su cuerpo bañado en aceite, sus labios rojos y la mirada de mujer adulta que sabe lo que busca. Tampoco tuvimos noticia de que al fotógrafo, Richard Prince, se le hubiera seguido un juicio por incitar a amar a una menor, menos a la madre de Brooke Shields por permitir esta foto para que su hija algún día fuera la estrella de cine que nunca fue.
Ahora las agencias internacionales de noticias vomitan todo tipo de eventos y chismes sobre Polanski, las organizaciones dedicadas a proteger los derechos de la mujer lo escaldan, boicotean sus películas. Y algún mediocre actor de cine, dedicado a gobernador, afirma que se le debe aplicar el rigor de la ley, mientras olvida la cantidad de mensajes de muerte y de fascismo ordinario en sus películas, donde sólo actúa la venganza personal para “proteger” a los ciudadanos. Claro que, como buen político, lo afirma para no perder votos y apoyo de las organizaciones defensoras de la mujer.
Y es en esta última parte donde es notorio el carácter del ser americano (de Usa). Uno `piensa en la aceptación generalizada de la pornografía, igual a la de la cocaína, en la vida cotidiana, en los millones de devotos del mito primitivo que desde su pasividad se enfrenta a la cultura del espectáculo de la intimidad donde nos hemos vuelto voyeures y no presenciamos al otro, a la mujer. vuelta objeto de culto, perdón al coño, culo y tetas, que reinan por sobre toda la carne. Uno explora ese mercado envilecido y cómo cambió ese inconsciente femenino de querer ser reinas por un día, así sea, en esas páginas porno. Es decir, una epidemia sexual permitida y legal por la Constitución. Además cuál ha sido la respuesta del Estado al acceso al porno donde niños de poca edad ya han vivido experiencias ajenas a través de la red donde ese mercado es incontrolable.
Uno mira los líos de Clinton con la colegiala, Mónica Lewinsky donde, después del show mediático de las declaraciones ante el Congreso todo se olvidó. Uno mira el perdón que Clinton le dio a un mafioso antes de retirarse de la presidencia. Lo mismo ocurrió con los amores a muchachos adolescentes de parte de los curas católicos de Boston. Uno recuerda el caso del gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer implicado en una red de prostitución que se diluyó en las páginas de los diarios, y no se puede olvidar el caso de Woody Allen, que hizo realidad sus sueños de un seductor, a pesar de sus constantes visitas al siquiatra, al fotografiar a su hija adoptiva, Soon Yi, a espaldas de Mía Farrow.
Recordemos, como Nota Bene, que este asalto a la vida privada de los americanos, la inició el duradero director del FBI, Edgar Hoover, al investigar y completar un dossier sobre la vida privada de políticos para chantajearlos, mientras él se vestía de mujer y caminaba por las calles como una lady.
No justifico lo de Polanski en medio de una sociedad donde los niños responden con asesinatos en serie. Recordemos las acusaciones a Michael Jackson, el tipo de arreglo llevado a cabo, y como él continúo en Neverland con su parque de atracciones para infantes. Es más, a su muerte, hace pocos meses, se le exaltó como una gloria nacional cuando en realidad fue un pervertido. Tampoco menciono el asesinato y horror del jugador O. J Simpson que mató a su esposa y luego se burló de la justicia presionada por la mayoría negra.
Es esto un show mediático y Polanski será victima de un juicio en el país inventor de la pornografía donde la vida privada se ha convertida en espectáculo y es reentable donde el mayor consumidor de cocaína en el mundo siempre le echa la culpa a los demás.
El campo de la sexualidad es extraño, cuánta censura hubo sobre los gays y lesbianas, en los contactos sexuales entre negros y blancos. El país de la pornografía, Usa, derribo en todo el mundo todo tipo de barreras: con sus maquinas sexuales, soledades manuales parejas, orgías, gays, tríos, zoofilia. Allí todo es permitido. Mientras el ser humano quiere más, ir más allá, vivir más, incitado por los medios.
La sexualidad es el mayor juego de los adultos, alrededor de ella gira todo su mundo, el éxito, el dinero, el arte, los negocios. Así mismo es una vía de escape y un blasón a mantener intacto. Ahora la caballería armada del inconsciente, cuando ya ha vivido todo, quiere permear esa última barrera de los trece años. ¿Qué ocurrirá en el futuro? Hollywood- Babilonia tiene la respuesta.
Estamos con Polanski. No sabemos en realidad qué ocurrió allí. Porque la victima, Samantha Geimer afirma que ella ya lo olvidó y había llegado hacía unos años a u acuerdo extrajudicial con Polanski. Lo cierto es el desprecio de la justicia y de los políticos suizos, que parece que lo entregaran en bandeja de plata para satisfacer las ansias de la justicia mediática del Imperio. De ese imperio que negocia con delatores.
En la actualidad Polanski se encuentra encerrado en una celda suiza como si fuera un criminal mientras miles de personas lavan dinero en las anónimas cuentas de ese país, que se precia de ser neutro.
Estamos con Román Polanski y esperemos que no sea tratado como un criminal dentro de ese concepto de justicia como algo mediático.

domingo 4 de octubre de 2009

El diablo haciendo hostias con arequipe




El diablo haciendo hostias con arequipe

Victor Bustamante
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En la pasada Fiesta del Libro, 2009, ocurrió uno de los más inesperados encuentros entre dos viejos amigos, antes distanciados por cuestiones poéticas y políticas. Gustavo Zuluaga, librero, editor y director del programa radial, En defensa de la palabra y Fernando Rendón, director del Festival de Poesía. Creemos que de esa manera se liman asperezas, se aclararan dudas, y sobre todo gana la poesía. El diálogo más o menos fue el siguiente:
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Fernando Rendón: Hola mi querido Hamaco, qué bueno verte.(El Hamaquero, rascándose las barbas, se hace el que no lo ve, pero se queda extasiado. Ya que tiene enfrente nada menos que a un Nóbel alternativo de pura cepa, una gloria nacional en bronce de alta pureza. Continúa rascándose las barbas, haciéndose el loco)
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FR: Hola mi viejo querido, ¿cómo te va?, qué bueno verte.
(El Hamaquero todavía helado, no sabe qué camino coger. En lugar de esa abrazo fraterno y de ese beso en la frente esperaba una andanada de insultos y de vejaciones, pero no, el poeta que tiene enfrente es otro)
Gustavo Zuluaga: Ahí mas o menos, hombre Mono.
(El Hamaco es el único autorizado en Medellín y sus alrededores para decirle Mono al Mono, es decir, a Fernando Rendón).
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FR: Tenemos que dejar nuestros odios, nuestras diferencias y trabajar por este país que está lleno de ríos de sangre.
GZ: Lo único que te interesa es el dinero y eso no es poesía. Acordáte de nuestros viejos tiempos en el Cabuyal cuando aguantamos hambre y soñábamos con cambiar este país a través de la poesía. Me traicionaste y eso me pone muy triste.
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FR: Cierto Hamaquerito pero recordá que uno no puede ser un eunuco de la poesía. Hay que gestionar, ser grandes.
GZ: No te creo nada. Te vendiste, te volviste un lagarto detrás del erario público.
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FR: No lo creas el festival le dio un respeto a Medellín y eso se hace con dinero.
GZ: Sólo creo en los escritores que sufren, Ciorán, Artaud, Lemos. Acordáte de Roquita cuando vivió con nosotros y le ayudamos tanto. Se nos fue lejos.
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FR: Si Hamaquero pero mira que los políticos se roban el dinero de la cultura, y es mejor aprovecharla haciendo eventos, dándole poesía a las personas.
GZ: Mira hombre Mono, qué te puedo decir, pues olvidaste que en el fondo nosotros somos nadaistas también, recordá que a veces decís que Gonzalo Arango hubiera soñado con realizar algo tan grande como lo que haces, pero también recordá a Lemos como vivió. Es el más grande poeta nadaísta. ¿Si o no?
Decime, ¿si o no?, y te creo.
(Mira hacia los lados por si es espiado por sus amigos que no le perdonaran nunca este encuentro)
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FR: Sí, Hamaquerito tenés razón.
GZ: Además no me gusta que tengas a esos muchachitos de la Juco en la sede del Festival dizque escribiendo poesía. Estás loco, que dirá Mayakovski si los ve allá.
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FR: Hamaquerito dejé de ser comunista este año. Los eché a todos, me tenían medio loco, piden plata todo el día. Incluso voy a misa los domingos.
GZ: Monito, no te creo, Cuando se es mamerto es difícil dejar de serlo. Eso queda como una ponzoña.
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FR: Pero hace poco dijiste en tu programa que amabas a Cuba y a Fidel Castro.
GZ: ¿Y es que escuchas el programa?
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FR: Claro, aunque a veces te veo decadente, cuando te pones nostálgico poniendo discos de Charles Aznavour y de Adamo pareces una solterona de Copacabana de esas que viven en la vereda Sabaneta.
GZ: No Monito, no es eso, es que estos muchachos de ahora no saben ni quienes son ellos y es para compartir algo con ellos. Creo que existe una conspiración reguetotiana contra nosotros.
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FR; Escucho tu programa todos los domingos, puedo estar hablando con el exterior, con Canadá, Suecia, Soyinka o lo que sea, pero tengo qué escuchar En defensa de la palabra, pero me da mucha rabia cuando empezas a tirarme puyas sobre los malos poetas que traemos y sobre todo cuando mete la cucharada el peruano, y por allá como que alguien se ríe ¿No es Gajaka? ¿De dónde sacaste al peruano?
GZ: Es un colaborador del programa, además poeta. Nunca lo has invitado a participar en el festival.
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FR: Tranquilo Hamaquero que para el próximo festival lo invito por recomendación tuya.
GZ: Te volviste un negociante de los encuentros por la paz. Eso es una farsa, una mentira.
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FR: Nada de eso. Es necesario hacerlo por una razón sencilla, (y mira al suelo), corren ríos de sangre a toda hora en el país.
GZ: Debiste haber dicho ríos de dinero que le entra al festival ya nunca apoyas a nadie. Por ahí tengo un poeta que necesito que lancemos.
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FR: ¿Has dicho lancemos? Lo que necesites. El festival es tuyo. Me gusta ese lenguaje.Te voy a invitar para que abras el próximo festival. Si queres llevar al peruano no hay problema aunque es medio fastidioso
GZ: No lo creo te gusta figurar al lado de los poderosos. Olvidaste una de las consignas nadaístas. “Los gordos no entraran al reino de la poesía”.
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FR: (Se queda perplejo y medio triste pero no le salen lágrimas). Sí Hamaco es de Darío Lemos. Ah, tiempos aquellos chupando naranja y buscando patrocinio para la revista Imago en Copa. Ah tiempos aquellos de fraternidad y de poesía y frío como un putas.
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Vuelve a abrazar al Hamaquero, quien se hace el difícil, parece una quinceañera. Fernando también está perplejo hace veinte años no veía al Hamaquero en carne y huesos, Lo ve gordo, cacheticolorado, inteligente y desconfiando)
FR: Hombre Hamaquerito hagamos cosas juntos, recitales en la librería, me invitas a tu finca a hacer un sancocho de bagre como en nuestros buenos tiempos. Estoy dispuesto a asistir a tu programa de radio, Eso si no me vas a fusilar con preguntas capciosas. te compraré todos libros de poesía de Este lugar de la noche.
GZ: Ya no lees ni escribís. Como que estás dedicado a las relaciones sociales y yendo al Polo a abrir la boca. Por ahí me llegaron unos libros de poesía tuyos y ahí están exhibidos.
No te creo. Todavía no te puedo invitar al programa porque quedo mal con las personas que no te quieren. Además le voy a dedicar doce programas a Sandro y a Los Ángeles Negros, después a Mercedes Sosa que está muy enfermita. Te acordas como pasábamos de bueno cuando te cantaba, gracias a la vida, y vos llorabas a moco tendido.
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FR: Ah los buenos tiempos cuando escuchábamos a Mercedes Sosa, se me erizaba la piel y esperábamos que la revolución estaba detrás de la esquina.
GZ: No podes decir nada porque te has vuelto de derecha. Estás del mismo lado de Fanny Mickey, de Raimundo Angulo. La cultura como espectáculo no como interrogante. Pan y Circo, Quie-to.
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FR: Eres mero teso. Te estás volviendo inteligente.
(El Hamaco mira a un lado a una bella ninfa que lo mira y lo ha reconocido. Él también repara en ella)
GZ: Debes saber que hablas con el mejor librero de Medellín.
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FR: Mis respetos, maese Gustavo. Espero que hagamos la paz, la armonía, la fraternidad. La buena poesía nos llama. Recordá que la poesía es fuego.
GZ: Es pura carreta Mono. Te gusta mucho la publicidad y la plata. ¿Si es verdad que tenés una guaca?
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FR: ¿Y vos dónde te quedas, salís en El Tiempo, en El Colombiano, y en Une, por qué será?
GZ: Ja ja ja.
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FR: En serio, deja de colocar música de los 60 en tu programa. Al paso que vas se va a llamar En defensa de la música para aplanchar.
GZ: Siguen Los Iracundos. Es que a veces me vuelvo triste. Además la gente no lee casi y me están llegando muchos elepés y ahí se me alborota la nostalgia.
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FR: ¿Te imaginas Hamaquero si en esta época hubiera vivido Rimbaud y Michaux? Creo que hubieran sido de izquierda y hasta estuvieran en el monte.
GZ: No lo creo. Rimbaud era un mariquita y el otro estaría en algún monte pero de Venus. Je je je je.
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FR: Pareces uribista de tiempo completo. En serio Hamaquero cuándo vas a ir a la sede. Dejémonos de vainas y de echarnos basura a la cara. Esta ciudad necesita cultura y a nosotros.
GZ: Ni sé que decir.
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Se dan un abrazo. El Mono Rendón por primera vez en muchos años habla de una manera clara, sin rencores y el Hamaquero está pendiente de que no lo vea ningún chismoso que vaya a contar de ese encuentro)
GZ: No le contes a nadie de este encuentro
FR: Fresco Hamaquero. Te llamo.