¡PONGO AL FUEGO POR TESTIGO DE NUESTRAS MANIFESTACIONES DIRECTAS DE RECHAZO CONTRA TODAS LAS FORMAS DE VIOLENCIA EN TODOS LOS FRENTES!
CINCO POEMAS
DE TRINOS,
TÚMULOS
Y TALAMOS
DE
CINCO POEMAS
DE TRINOS,
TÚMULOS
Y TALAMOS
DE
ELKIN ROJAS MONTOYA
PLEGARIA ADÁN-NAHUAL[1]
¡AO![2]
Que no reviente la placenta del planeta,
donde tremola la jungla sobre la tierra sedienta.
Que Irradie sobre nosotros con reactivo esplendor,
una espesa jungla primordial
que nos cubra de los efectos letales de la radiación solar.
Madre de predios y de prados primaverales
donde trinan, croan y rugen multitudes alternas
de sinfónicos acordes corales.
Despliegue lapso de alas ebrias en vuelo,
disfrutando el néctar colorido de las corolas colmadas de esencias,
entre la manigua intrincada de la jungla tutelar.
Madre primigenia,
Gea original,
Gaia mayor,
Cuna de los vivientes,
telúrica plataforma bajo el soleado espacio superior.
Reino natural sembrado de colorido sobrenatural.
Orbe universo,
niña de nuestros ojos,
previo mundo espejo iridiscente de multitudes surcando orbes refulgentes,
más allá de las heridas devastadoras que causamos
sobre la cuartada piel de este antiguo paraíso terrenal,
mondando todavía el viejo fruto cargado de codicia lujuriosa ,
nefasto germen podrido del pecado original.
Restáñense las heridas,
cúrense las desgarraduras que propinamos implacables
los desacralizados hijos,
sobre la atmósfera placenta congestionada de combustión!
¡AO!
EL TÁLAMO NUPCIAL
El esplendor de tu rostro
eclipsando el brillo de la luna llena
y la profundidad vertiginosa de tus ojos en los míos,
marchitaron el orgullo que los enceguecía.
Aún estallan en mi mente los juegos pirotécnicos
que fundieron frenéticos nuestros cuerpos
en una ebria sinfonía orquestada
por los más dulces acordes.
Sacudieron tantos vientos frenéticos
al árbol de nuestra pasión
que los más tempranos frutos se depositaron dichosos
en el lecho de nuestro amor.
Tu rostro sonriente conmovió tanto mis entrañas
como cuando barre un huracán
los montículos de tierra que recubren los túneles
donde habitan las hormigas.
Una caricia tuya derritió el hielo de mi escepticismo,
con tanta contundencia de-la-tora,
como el súbito tañido de la campana de la libertad,
arrancado de su silencio inútil en un museo,
al ser azotada por el roce furtivo
de las alas de un ángel noctámbulo.
A ULTRANZA
(Ritornello personalísimo en ópera prima)
Aparto mi atención de las mistéricas especulaciones
por todo lo oscuro y lo sagrado;
retorno atento al ejercicio cotidiano sin apetitos meritorios,
disfrutando silencioso del misterio desvelado,
sin retórica,
ni escalafón,
respirando sin pretensión de ninguna maestría
diferente al supremo acto vital compartido
de disfrutar plácidamente
de esta edificante temporada terrenal.
MERISTEMO
“Entonces la virgen se alegrará en la danza,
los jóvenes y los viejos juntamente”
Jeremías 31.13
Bajo el fulgor ardiente del sol de los venados,
aspados y caninos, rebaños y jaurías,
conspiran en multiplicaciones celulares
tornando del marasmo, la abulia y la grima,
gérmenes patógenos del estrés urbano,
al meristemo,
desvelando el jardín secreto contenido:
desde las más profundas raíces
trepando entre tejidos vasculares,
tallos, cortezas, entrenudos
hasta la reverdeciente ternura de las hojas
en las empinadas copas de los árboles.
Oxigenando identidades arraigadas,
el planeta no va a reventar
con las cruentas conmociones de parto que lo sacuden.
Vienen las danzas de los desplazados,
de los marginados del mercado mundial,
cultivando en comunidad el patrimonio terrenal.
PANACEA
En la pulpa flor madura de la edad sin estreñimientos
membranas y nervaduras alojan en sus entrañas
un panal de mieles al que no abaten penas ni afanes de ácidos corceles.
En esta panacea digo a mis pies la palabra surgiendo a torrentes
entre escarpados riscos.
Digo a mis manos la palabra desplegada en alas
sondeando vientos, alientos y contrarios.
Digo a mis cinco sentidos la palabra vertida en fuego
manando como sangre de todos los costados.
[1] Náhual: Aspecto metafísico o divino de la existencia. (Wikipedia: Enciclopedia Libre).
[2] AO: Alfa y Omega.
¡AO![2]
Que no reviente la placenta del planeta,
donde tremola la jungla sobre la tierra sedienta.
Que Irradie sobre nosotros con reactivo esplendor,
una espesa jungla primordial
que nos cubra de los efectos letales de la radiación solar.
Madre de predios y de prados primaverales
donde trinan, croan y rugen multitudes alternas
de sinfónicos acordes corales.
Despliegue lapso de alas ebrias en vuelo,
disfrutando el néctar colorido de las corolas colmadas de esencias,
entre la manigua intrincada de la jungla tutelar.
Madre primigenia,
Gea original,
Gaia mayor,
Cuna de los vivientes,
telúrica plataforma bajo el soleado espacio superior.
Reino natural sembrado de colorido sobrenatural.
Orbe universo,
niña de nuestros ojos,
previo mundo espejo iridiscente de multitudes surcando orbes refulgentes,
más allá de las heridas devastadoras que causamos
sobre la cuartada piel de este antiguo paraíso terrenal,
mondando todavía el viejo fruto cargado de codicia lujuriosa ,
nefasto germen podrido del pecado original.
Restáñense las heridas,
cúrense las desgarraduras que propinamos implacables
los desacralizados hijos,
sobre la atmósfera placenta congestionada de combustión!
¡AO!
EL TÁLAMO NUPCIAL
El esplendor de tu rostro
eclipsando el brillo de la luna llena
y la profundidad vertiginosa de tus ojos en los míos,
marchitaron el orgullo que los enceguecía.
Aún estallan en mi mente los juegos pirotécnicos
que fundieron frenéticos nuestros cuerpos
en una ebria sinfonía orquestada
por los más dulces acordes.
Sacudieron tantos vientos frenéticos
al árbol de nuestra pasión
que los más tempranos frutos se depositaron dichosos
en el lecho de nuestro amor.
Tu rostro sonriente conmovió tanto mis entrañas
como cuando barre un huracán
los montículos de tierra que recubren los túneles
donde habitan las hormigas.
Una caricia tuya derritió el hielo de mi escepticismo,
con tanta contundencia de-la-tora,
como el súbito tañido de la campana de la libertad,
arrancado de su silencio inútil en un museo,
al ser azotada por el roce furtivo
de las alas de un ángel noctámbulo.
A ULTRANZA
(Ritornello personalísimo en ópera prima)
Aparto mi atención de las mistéricas especulaciones
por todo lo oscuro y lo sagrado;
retorno atento al ejercicio cotidiano sin apetitos meritorios,
disfrutando silencioso del misterio desvelado,
sin retórica,
ni escalafón,
respirando sin pretensión de ninguna maestría
diferente al supremo acto vital compartido
de disfrutar plácidamente
de esta edificante temporada terrenal.
MERISTEMO
“Entonces la virgen se alegrará en la danza,
los jóvenes y los viejos juntamente”
Jeremías 31.13
Bajo el fulgor ardiente del sol de los venados,
aspados y caninos, rebaños y jaurías,
conspiran en multiplicaciones celulares
tornando del marasmo, la abulia y la grima,
gérmenes patógenos del estrés urbano,
al meristemo,
desvelando el jardín secreto contenido:
desde las más profundas raíces
trepando entre tejidos vasculares,
tallos, cortezas, entrenudos
hasta la reverdeciente ternura de las hojas
en las empinadas copas de los árboles.
Oxigenando identidades arraigadas,
el planeta no va a reventar
con las cruentas conmociones de parto que lo sacuden.
Vienen las danzas de los desplazados,
de los marginados del mercado mundial,
cultivando en comunidad el patrimonio terrenal.
PANACEA
En la pulpa flor madura de la edad sin estreñimientos
membranas y nervaduras alojan en sus entrañas
un panal de mieles al que no abaten penas ni afanes de ácidos corceles.
En esta panacea digo a mis pies la palabra surgiendo a torrentes
entre escarpados riscos.
Digo a mis manos la palabra desplegada en alas
sondeando vientos, alientos y contrarios.
Digo a mis cinco sentidos la palabra vertida en fuego
manando como sangre de todos los costados.
[1] Náhual: Aspecto metafísico o divino de la existencia. (Wikipedia: Enciclopedia Libre).
[2] AO: Alfa y Omega.
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PRESENTACIÓN TESTIMONIAL DEL POETA
“No podemos fijar la hora en que el misterio se hizo lo bastante claro como para anunciarse. Pero que importa! Que surja del sufrimiento o de la alegría, cada hombre en su día tiene esa hora luminosa, la hora donde comprende de pronto su propio mensaje, la hora en la cual el conocimiento, al iluminar la pasión, revela…”
Bachelard G., “La Intuición del Instante”.
Les presento este mágico ritual poético, retándolos para que se sacudan las alas de la imaginación y se dispongan a dar vuelos de libertad cargados de responsabilidad, pese al pusilánime pataleo de las naciones sometidas como borregos al monopolio del Mercado Mundial, esperando que surja liberado el canto y el vuelo dignificado del Ave Fénix.
No escribo para complacer megalómanas tendencias enrarecedoras del genio natural pretendiendo una intrincada originalidad estilística.
Escribo identificándome en trance con una concepción oceánica de la totalidad, imbricado en el tejido de la malla existencial, exaltando los triunfos de la colectividad y lamentando las derrotas que golpean la estabilidad viviente.
Escribo estimulando armonía y demandando contra el opresor estado de malestar general.
Escribo para que la poesía recobre "la condición de letra para cantar al servicio de una corrección individual de la injusticia colectiva"1
Escribo por compromiso, amor, temor, respeto y confianza en todo lo que existe y siente, más con el corazón que con la razón, en esta cruenta encrucijada histórica cuando la dignidad soporta la afrenta de mil yugos y yunques de saqueo y explotación, que anestesian la sensibilidad, dejan la tierra devastada y desfigurada la huella de Dios en el barro, cuando la usura gangrena el alma de codicia.
Escribo y siento a ritmo lento y duro, dilatadamente como siente la piedra la pulsión rotunda de la gota lamiendo sus flancos, alterados de estados y tornados violentos. La llama de la pasión que me consume no arde por ningún motivo personal.
Escribo inmerso como gota en la profundidad del océano, respirando vida solaz por cada poro, unidad nodular o globular de la existencia, sin pretender celebridad más allá del alcance de una tendencia universal depuradora, fecunda en biodiversidad.
Una energía sobrecogedora me habita sin asombro, lo oscuro ni me asombra, ni me quita la propia sombra. La más negra sombra redunda rotunda ad-portas del amanecer.
Rescatando la capacidad del asombro, nos asombramos sin resquemor ni residuos rencorosos.
Lo numinoso no nos seduce más allá de nuestra condición viviente, portadores del fuego, feraces.
Más acá de toda seducción por lo oscuro y lo sagrado, retorno atento al ejercicio cotidiano sin apetitos meritorios, ni planteos voluptuosos, disfrutando silencioso del misterio desvelado, sin tonsura retórica, ni clerical escalofrío escalafonado, aspiro sin ostentación magistral a compartir naturalmente una TEMPORADA TERRENAL, sin títulos terratenientes.
CHAMÁN PERFORMANCE
No vengo del Amazonas cargado de pomadas mágicas de cura omnímoda, ni les traigo a Margarita la serpiente cascabel dormida en ninguna caja de cartón. Vengo asumiendo en performance y transe de Chamán el arte ritual inmanente de menearse sin manearse, ni marearse, - atarse o fijarse rictus aparentes de frustración, surcando entre oleadas de generaciones drogadas de vértigo, como planetas extraviados de órbita, dándose contra las paredes, dejando una estela de humo enredada en cada fardo de basura, ¡“ ¿Qué haremos con la casa en llamas?” -¿El Palacio de la Justicia incinerado?-, -¿La Corte Suprema de Justicia, en tela de juicio?-. “¿Hacer señales de humo a lo imposible, mientras asamos el maíz de la discordia, suponiendo que es la hoguera de la reconciliación?", como objetara el poeta anónimo desde las carteleras urbanas.
Para que no andemos como cometas arrancados del cielo, desmechados de orla, ignorantes del origen y destino del resplandor prisionero entre pecho y espalda, no hay que oponer nuestros cuerpos inermes contra el ardiente estallido de la contienda, ni salir disparados por la ventana con la casa arrancada desde los cimientos, como cuando explotan hoy insistentes los vientos suicidas de la venganza.
- Aunque rujan violentos los vientos de aquilón, austro y boreal y del nadir y del cenit aniden hordas atrincheradas entre oscuros paredones y socavones y al soplo encabritado del huracán hiendan los potros salvajes el chispeante sendero, aún sobrevive delirante el RETO de galopar en ascuas contra las aspas veloces de los molinos de viento -.
¡Hay que escardar conscientemente los remotos orígenes del misterio ritual, el cual se hizo lo bastante claro para anunciarse, retomando la luz conciliadora, con proclamas cordiales frente a los estallidos de la cólera que cual ráfagas de viento amenazan extinguir la llama de la inteligencia.
Palabra cálida de argento ancestral, dorada expresión del fuego, lluvia de Orión, original forma pura de la luz: Con el regocijo cálido de la ternura, la fuerza intensa de los abrazos y la pasión ardiente de los besos, flameen nuestros corazones rebozando con demostraciones nobles, amables, cálidos latidos de distensión, nos urge tornar triunfales de la trifulca, - no enlutados, ni añublados, despejados del embeleco de estar ensimismados, enajenados, alienados, reprimidos y veleidosos, envalentonados, presumidos, arrogantes, egoístas, usureros, facinerosos-, siendo cultores festivos, fascinados y fulgentes, no tenebrosos. Armados de amor, sin recovecos rencorosos, predispuestos paradigmas de paz y pulso no alterado, de pleno aplomo, consolidados, solidarios!. Soldados de luz, a pesar de nidos y trincheras de hielo y sombra. Estrategas de sí mismos, seguros, no dominantes, ni desmandados.
Ni rústica, ni torpe expresión atribule la tribu de nuestro vocabulario, que la fuerza mágica de nuestros argumentos estimulen la danza y el vuelo de nuestras palabras.
Por la inagotable manifestación espontánea de la vida sobre el planeta, el mundo siempre estará por descubrir. Disfrutemos libremente del misterio desvelado de esta edificante temporada terrenal, adiestrándonos felizmente en el arte de vivir y morir alegremente.*
La urdimbre transparencia tibia de la luz se filtra lentamente hacia el ocaso, acogiendo en su regazo indiscriminado a conflictivos rebaños y ávidas jaurías, enseñoreando sobre las bestias, el ardiente sol de los venados.
Por eso y por mucho más, cargo cuerdo un legado desde las ardientes laderas del Quitasol, con la convicción ancestral, que también albergara plenamente la poeta Pizarnic: "para que no suceda lo que temo, para alejar al malo, para exorcizar, para conjurar, para curar la herida, la desgarradura, porque en definitiva todos estamos heridos".
Frente al cansado desfile de generaciones resguardadas bajo la imagen mortificada de un rostro petrificado en una tristeza eterna 1, en el decurso fugaz de mi existencia, entre danzas y meneos, y sin las vendas oscuras de los excesos obsesivos confrontados bajo la presión al rojo vivo del dolor y de la pérdida2, también reclamo para la poesía " la condición de letra para cantar al servicio de una corrección individual de la injusticia colectiva"3.
Para disfrutar naturalmente de esta tórrida temporada terrenal, sin quejidos, ni tanteos dudosos, sobre todo, cuando sorteamos estos cuarteados roquedales del Quitasol, deseando emprender el vuelo definitivo en pos de un sueño, que despliega sus alas surcando el espacio veloz, alfombra mágica, como un relámpago, están de más las tonsuras, las prebendas, las profesiones, los escalafones y el chateo desdeñoso, los perifollos latosos, los virosos trasteos atronados pantalleros. El micro chip estampado en la pechera o en la frente retrechera de las mazmorras donde se arrastran las más lóbregas conciencias aullando como lobos al acecho de la presa, los celulares que nunca superarán a la celulosa, por cuyos circuitos jugosos los árboles secretan las más puras esencias de donde provienen cuánticamente todas las cosas, sin que podamos definir con argumentos toda la naturaleza del ser y del no ser.
Entre jaranas y jaurías, la alegría rompe el velo del terror. Arranca espinas y clavos, rompe yugos y cadenas, la fiesta va a comenzar. Sin ardides ni farsas, el planeta no va a reventar. A coro, sin acosos, volverán las aves a cantar y los hombres, ufanos, sin afanes, volverán a disfrutar del arte de combinar con alegría el canto, la danza y el trabajo con el arte de amar y de luchar con esperanza contra todo derroche arrogante colmado de injusticia social.
Dura es la lid, pero más duro es quien la lidia como tú la lidias para que no dure.