lunes 31 de diciembre de 2007

EL Brindis del Neonadaísta



EL Brindis del Neonadaísta
Víctor Bustamante


En torno de 1 mesa muy titina,
1 noche de diciembre,
regocijadamente departían
más de 13 alegres neonadaístas.
Los ecos de sus risas escapaban
& de aquel Ateneo inquieto
iban a interrumpir el imponente
& profundo silencio.
..
El humo de olorosos cigarrillos
en espirales se elevaba al cielorraso
simbolizando al resolverse en nada,
la vida de los sueños.
Pero en todos los labios había risas,
inspiración en todos los cerebros,
&, repartidas en la mesa, copas pletóricas de ron
con coca- cola, no whisky por caro,
no ajenjo por difícil de encontrar, si cerveza nacional.
..
Era curioso ver en conjunto,
aquel país de los amigos,
del que brotaba la palabra mordiente,
la que vierte veneno, & es venero
lo mismo que, melosa & delicada,
la música de sus versos viéndolos a todos tan tersos & tan tesos.
..
A cada nueva libación, las nenas & las penas
hallábanse más lejos
del grupo, & nueva inspiración llegaba
a todos los cerebros,
con el idilio roto que venía
en alas faltonas del recuerdo.
..
Olvidaba decir que aquella noche,
aquel grupo bohemio
celebraba entre risas, libaciones,
chascarrillos & versos,
la agonía de 1 año que ricura
dejó en todos los pechos,
& la llegada, consecuencia ilógica,
del "feliz año nuevo" . . .
..
1 voz varonil, la de Omar, dijo de pronto:
- las 12, compañeros;
pidamos algo de Bunbury
que ha pasado a formar entre los nuestros.
¡Brindemos por el año que comienza!
porque os traiga ediciones de Interregno & muchachas;
porque no sea su equipaje 1 cúmulo
de amargos desconsuelos. . .
..

- Brindo, dijo Giselle, por la esperanza
a que Harold me lanza,
para vencer los tirones del desatino,
por la ex, nuestra dulce amiga,
que las penas como que mitiga
& convierte en vergel nuestro camino.
..
Brindo, dijo Néstor, porque ya hubiere a mi existencia
puesto fin con diligencia
esgrimiendo en mi frente mi venganza;
si en mi contabilidad de tul limpio & divino
no alumbrara en mí sino
1 rutila estrella: El Porfirio
Mi esperanza.
..
¡Bravo!, dijeron todos, inspirado
esta noche has estado
& hablaste bueno, breve & jactancioso.

Brindo por la mujer, mas no por la musa esta,
dijo Yiro dando un giro,
aquella que me ensombreció en su techo
& aun bajo el alba de sus pechos.
me dijo, poeta nos faltan medio pollo con papas & salsita,
3 cositos & 100.000 pesos.
..
El turno es de Raúl Jaime; alzó su copa
& brindó por los muebles que dejó en Europa,
ya que su extranjerismo es malicioso. ...
Bebo & brindo, clamó el siempre celoso;
brindo por Asfódelo & mi pasado,
que fue del festival, en La Ceja del Tambo & de alegría,
& en el que hubo mujeres seductoras
& curitas soñadores
que casi se gastaron la fortuna mía.
..
Brindo, dijo Carlos Enrique por el ayer que con la preciosura
que hoy cubre de aquellas ricuras
mi transeúnte corazón, que esparzo a mis colegialas
trayendo hasta mi mente los bombones, las dulzuras
de goces, mis perruras,
de mimos, de roncitos, de desvelos.
..
Brindo por Nueva York & Marilyn, dijo Gajaka
Que llevo en la mente mía & en la hamaca
Al poeta uruguayo con su espina
Sobre la coruscante dicha mía.
Soy como 1 sueño en la realidad aparte donde ejerzo
Con larga vida sin la cantina que allí creo que tenía.
..
-Yo brindo, dijo Harold, porque en mi mente
brote 1 torrente
de liquidez metálica divina & seductora,
porque vibre en las cuerdas de mi lira
el CD que suspira,
que sonríe, que canta & que enamora.
..
Brindo por los lares dijo Carabeto
Por la edición profunda
por la risa loca que sale de mi boca
& por el sutil poema que provoca
cada que me voy del Centro de 1 manera tan rotunda.
..
Brindo, dijo Mario Ángel, porque mis versos cual saetas
lleguen hasta las grietas
formadas de metal & de granito,
del corazón de la actriz grata
que a desdenes me mata. . .
¡pero que tiene 1 cuerpo muy bonito!
..
Porque al corazón de la Sublime, dijo Buscamante,
llegue mi canto,
porque enjuguen mi llanto
sus manos que me causan embelesos;
porque con creces mi pasión apague no con la luna. ..
¡vamos!, porque me embriague
con el divino néctar de su desconocida tuna.
..
Siguió la tempestad de frases charras,
de aquellas tan humanas
que hallan en todas partes acomodo,
& en cada frase de entusiasmo ardiente,
hubo ovación creciente,
& libaciones, reír, picada, & todo.
..
Se brindó por el Centro, por las gatas,
por los putos amores
que hacen 1 paladar de 1 veterana,
& por esas pasiones voluptuosas
que el rock, el tango & el placer llena de rosas
& hacen de la mujer la cortesana.
..
Sólo faltaba 1 brindis, el de Ricardo,
el del bohemio puro,
de noble corazón & atildada cabeza;
aquel que sin detalles navegaba en la red & declaraba
que sólo ambicionaba
robarle inspiración a la Teresa.
..
Por todos y entrechocando, alzó la copa
Edgar
frente a la que estiraba trompa
desbordante de risa & de contento
los inundó en la luz de la mimada,
que sacudió su melena alborotada
& dijo sí, pero no nos demoramos, con inspirado acento.
..
-Brindo por esa mujer y por Imago, dijo Oscar
mas no por esa
en la que halláis consuelo en el yacusi,
rescoldo del placer ¡aventurados!;
no por esa que os brinda sus hechizos
cuando besáis sus vellos rizos
deliciosamente perfumados.
..
Yo no brindo por ella, compañeros, dijo Antonio
siento por esta vez no complaceros.
Brindo por la mujer, pero por 1,
por la que me brindó con amanita y embelesos
& me robó mis pesos;
por el taita Rogelio & su mujer
que me enseñó con el yagüe
lo que vale el cariño
exquisito, profundo & verdadero;
por la mujer que me arrulló en sus brazos
& que me dió en cedazos
1 por 1, el bebedizo entero.
..
¡Por mi amante!, dijo Beodoya, bohemios,
por la madame
que nunca piensa en el mañana
como en algo muy dulce & muy deseado,
porque sueña tal vez que mi destino
me señala el desatino
al que siempre volveré medio azulado.
Por la botella de brandy Don Juan
adorada & bendecida,
ya que con su bouquet me dió vida,
& ternura & cariño;
por la que fue la noche del alma mía;
& lloró de alegría
sintiendo mi vacía botella en su corpiño.
..
Por esa no brindo yo, dijo papa John
dejad que llore,
que en lágrimas desflore
esta pena letal que me asesina;
dejad que brinde por aquel Chucho ausente,
por el que llora & siente
que mi ausencia es 1 fuego que calcina.
Por el Rimbaud municipal que nunca sufre & da lora
& que del cielo implora
que vuelva yo muy pronto a elevar 1 cometa;
por mi poeta bohemios, que es dulzura
vertida en mi amargura
& en esta noche de mi vida, estalla . ..
..
Ah, dijo Luis Fernando a punto seguido,

levantando la ámbar botella de cerveza,
brindo por la emisora
que suena a toda hora & de la cual no puedo
pasar esta reunión por no haber traído grabadora,
pero prometo, algún día, emitir la recordación con este cuento.
..
Los neonadaístas callaron; ningún acento
profanó el sentimiento
nacido del libar & la ternura,
& pareció que sobre aquel ambiente
flotaba intensamente
un poema visceral, no de amargura
















































domingo 30 de diciembre de 2007

Luis Fernando Cuartas



Luis Fernando Cuartas

Víctor Bustamante

A Fercho como le dicen sus admiradoras
Sin fecha
Lo he visto con su revista: Punto Seguido, bajo el brazo
Por la calle
O
En los sitios preferidos del Centro entregándola
Cuando advierte que aun persiste en ese amor por la poesía.
Aunque él es muy evasivo,
Siempre tiene algo qué hacer
Algo qué investigar
Algo qué buscar en la biblioteca de la Nacho
Y
Algo qué decir en su programa de radio
Cuando junto a la Sublime
Persiste en decir que los poetas también
Existen y existimos
En el país del olvido y de la oscuridad y del silencio
Y también que en la ciudad
En la Villa
En La tacita de plata
Hay otra poesía
Extraída de otra invención suya
Laberinto lunario
De donde salen
Minotauros y Minotauras
Sílfides y Náyades
Entonces caemos en cuenta que el Fercho es un poeta
Y un contradictor porque al poeta no le interesa la historia
Sino las palabras y sus ritmos.
Primero los veía a ellos
Al estado mayor de Punto Seguido
Donde don Lao.
Pero don Lao se fue de frente
y ellos recalaron a La Boa
Conjurados de las palabras y de las calles
Ahí llegaban misteriosos como siempre
Y amigos como nunca
El Fercho que no es chofer
Junto a John
Junto a Carlos
Junto a Oscar
Embebidos en el supremo acto del próximo número
Cofradía de la noche y de los sueños
En estos días de este eterno diciembre
Lo vi en la Oficina Central de los Sueños
Con su estado mayor
Y había tanto poeta en paz y había tanto jazz
Y por supuesto
La sorpresa de la Sublime
Tan lejana y siempre de afán
Entonces me dije
Por qué los de Punto Seguido andan de afán
Si la quietud define la línea de la creación
Si en la quietud descansa lo sereno
Ahora en este último día de diciembre
Fercho
O debe de estar escribiendo
Con esa seriedad del historiador
O
Con lo lúdico de los surrealistas buenos
Y quemando papeles
Y esparciendo pavesas
O
Anclado en la sorpresa de otro año
Nunca el año chino del jaguar
Sino conversando con sus pares
Mientras una botella de vino lo espera
Y lo acecha para que se hunda
En el dulce Leteo de la creación
Que es la vida
Ah, dije la vida.

Poemas de
Luis Fernando Cuartas
Luis Fernando Cuartas
Luis Fernando Cuartas

......
Arroz con dulce

Miles de chinos esparcen su arroz sobre el pantano, la laguna es el territorio del hambre. En otro lugar del mundo el ojo amarillo del sol saluda la desaparición de las cosechas. Tengo sed, y está lloviendo a cántaros. No hay una moneda en el plato, ni un grano de vida en ese dulce amargo que nos depara el día cuando la lámpara se apaga. Un enorme pan nos cae sobre la espalda, aplasta ese faltante en la boca. Duros trajines con el polvo de arroz sobre el rostro, blanca blanquísima soledad de los operarios de medio de la noche. Nos quedan breves instantes, apresuren el paso, la mesa está vacía, pero todavía nos comemos los manteles. Todo está rociado en dulce salpicado de orquídeas, en un almíbar que hace de toda desdicha un buen bocado para consumir el deseo de morder, aún en el vacío. Una lengua de agua sale de las zanjas húmedas, son los miles de miles de chinos de mi tierra sola, los chinos niños y los amarillos chinos, de todos los lugares del mundo, los que gritan y los que cantan, los que adelantan dos pasos y se caen, los que hacen escorbuto y follan en la oscuridad, los que maldicen con su Cristo encima, los que harapientos se sienten reyes y los reyes que se sienten buitres. Son el arroz con dulce de esta hambre de luna.


La desvencijada puerta

El ocre color de las imágenes de Bizancio, las que suelen estar bañadas por un oro opaco, me persiguen ahora con su maderas viejas y con sus puertas cargadas de silencio. Reyes con coronas oxidadas, santas revestidas de túnicas inmóviles, largas niñas disecadas en la memoria, ruinosas esferas que se caen de cansancio sobre el cuadro, marfiles amarillos sobre el tablero del tiempo, personas que se esconden en castillos sin aire, leprosos sin sentido comulgando sobre un tapete dorado de damascos. Todo hecho hollín y sacrilegio, angustia de acto consumado, dejadez perdida entre la alquimia de una desvencijada puerta. La misma que abre y cierra los caudales de las moradas negras. Pesada madera que cruje y que desde los herrumbrosos clavos pende una mosca traficada en joya de museo.

Remedios, sábana para alivios

Lava con desmesura la misma sábana que sirve de sudario al pequeño cuerpo que la miró desnuda. Es como Remedios, enloquecida por el amor de un loco, desconocedora de la palabra en el cristal de la noche. Ella sale con sus conjuros y sus hierbas finas, con trajes de bengala y luces en los dedos de los pies. Flota, se diría que flota y se apodera de ella el frenesí, como en un cuento que nunca se puede terminar de escribir. Es la sangre, si, dicen que es la sangre. En ella fluye el mar por dentro, salen sirenas y dulces corales le señalan sus movimientos gráciles. El pequeño cuerpo que la miró desnuda es ella misma, cuando niña solía ver su desnudez entre las sábanas y soñaba que era nube y flotaba en su interior un secreto ángel. Por eso este poema, conjuro, canción y esperanza, para sigas siendo pura nube desnuda que flota para danzar en el estado del Nirvana. Así, así, flotan y flotan los deseos, como un barco que no puede anclar sino volar.


Tarde gris en medio de un piano para Schumann

En el último minuto el minutero se parte y nos dejan sin oír el golpeteo del corazón. El teclado apenas suena, no hay piano ni angustia, no hay manos que toquen las fichas blancas ni las teclas negras, pero se siente en el aire una carnaval sonoro, una lastimera queja y un ser que se muere entre la sonata final y su sonrisa plena. Se muere el Schumann que duerme con una campanilla de oro. Son las dos y media y nadie llora. Esta en el límite entre la juventud quebrantada y la madurez robada. Suena el teclado entre mis dedos ahora, suena lánguida la pena, se escribe para olvidar la música que devora el alma y que incendia el ángelus. Cartas de prisa, consumidas entre vocales enfermizas y lejanas. Poemas caídos sobre butacas y adoquines azules, como castigados por el peso de las furias. Se van las horas en procesión celeste y la mujer que viaja entre las notas, apenas se asoma para buscar una lámpara para apagar el sol. Se va sonando la tristeza por las ventanas y en un libro aparece la imagen del Schumann que nos queda, el otro se aleja, con tempestades y silencios. Nos queda esta tarde una pacifica memoria de una mujer que toca los cabellos de un enfermo que no sabía llorar. La tarde está rota, ya lo sé. Se agrietó el muro, se presentó la desnudez con agua limpia y traje de olvidada. Vino a decirnos que no hay música que no deje de morirnos por dentro un poco de amor despierto y sin prisa. Esta gris, tan gris que ya no hay más color que la fiebre y la neblina. Ahora que sale este escrito como un murmullo para nadie, pienso en el músico que habita la esquina de cuarto, aquel que suele morirse por las tardes sin dejar de tocar un conjuro de voces salidas del desierto.
Por eso cuando escribo, yo pienso, suelo pensar, que hay un músico que quiere revelarnos su secreto y no lo dejamos morir hasta que no ponga sus dedos sobre el piano.


Las mismas hojas de un árbol

Las hojas del árbol no han terminado de caer
el viento las acaricia
en su lanzamiento
son dudas que se desprenden de las ramas
pequeñas notas de un cuaderno verde que
parecen sucumbir en corcheas para el suelo
Alguien cree encontrar en ellas signos de otras letras
las dispone en hileras de notas para el don de lo invisible
las regala, las trafica, las dispersa
son hojas de la confusión
letras de clorofila disecadas
breviarios de auroras por venir
retazos de noches inconclusas
nadie sabe a quién le llegarán las hojas
desprendidas de los árboles
tan sólo sabemos que el viento las agitó hasta
dejarnos sus mensajes en el suelo
y del suelo se levantan
para convertirse en cuadernos para el cielo
las hojas que me llegan son tus hojas
somos un mismo árbol agitado por el viento.


Poema con cometas

Una luna sale al medio día y me saluda con Artur Rimbaud después de todo un francés le beso en la boca
y se le cayeron miles de estrellas como si África existiera en medio de su piel canela.
Lo demás lo dice la tristeza:
Un cielo en picada, rápida desaparición de la astromelia, el único lugar que no se salva esta en los huesos de la cometa de arroz. Una pájara blanca hecha de papeles y pegada entre almidón de leche, despunta el atardecer, mientras el cielo casi opaco se derrumba en montañas de nubes sangrantes.
Hoy, este Hoy dormido entre mi pecho, se agiganta de ruidos y de ceremonias con las sombras.
Se marchita el lunar de la luna, el leve quejido de un niño que suelta todo el hilo necesario para no volver.
Ya es tarde, la pájara quiere regresar a la China, a su lugar milenario de donde fue sacada una mañana azul donde todos respiraban globitos de azufre.
No sobra el arroz hace falta la arena
No te ahorques con el hilo busca la aguja
Barcos de naranjas flotan en el aire y los ojos de los niños buscan lanzas para bajar cometas
Un escudo rojo de un guerrero africano descansa en la hierba
mientas el filósofo del bosque respira un libro
y la copa del licor mira por la brújula de cinco puntas, así como lo pensó Marco Polo en su lejana Katay
Ahora en un solar museo se suelta el cabello el viento
para ver pasar la nada cercana al antiguo matadero
Treinta años de encierro, manicomio y toldo
Epifanio gritaba que le devolvieran
su cometa de arroz